18 nov

EL MIEDO

Llevamos varias semanas con olas grandes en el Cantábrico. Si donde tú vives no hay una playa que esté resguardada del swell del NO, te habrás visto en el dilema de entrar con unas buenas bombas rompiendo fuera o no entrar.

Sabes que el invierno es traidor y que estar fuera del agua unos cuantos días seguidos puede hacerte perder la forma física que tanto te costó coger. Decides entrar y probar tus límites.

Ya remontando ves que la cosa está fuerte y que los revolcones no son los mismos que en el verano. La ola te zarandea con más violencia, sientes… miedo.

Sabes que tu nivel de surfing da para surfear esas olas y que tu condición física es buena, pero el miedo sigue ahí.

Es normal tener miedo, lo contrario sería temeridad. Tener miedo te coloca en una situación de alerta y te permite llevar tus límites más allá. El problema, por tanto, no es tener miedo sino entrar en pánico.

 

Al entrar en pánico dejas de tener control de la situación, tu respiración se agita, te agotas y entras en una espiral muy negativa.

La mayoría de las big wave riders reconocen que tienen miedo y todas ellas coinciden en utilizar técnicas para controlarlo.

La más común es concentrarse en la respiración. Respirar profundamente y focalizar tu atención en el movimiento de tus pulmones, en el aire pasando por las fosas nasales o tratar de acompasar la respiración con los latidos del corazón, te ayudará a devolverte al aquí y ahora; a estar tranquila.

Debajo del agua, mientras dan vueltas y vueltas en un revolcón, también utilizan sus técnicas, todas ellas encaminadas a hacer de la espera forzosa bajo el agua un momento agradable o, por lo menos, normal.

 

Así, hay quien construye repetidamente en su cabeza cifras enormes como: cien millones, doscientos veinticuatro mil trescientos veintidos con veinticinco. Hay quien se imagina en una discoteca bailando desenfrenadamente y se dedica a diseccionar a las/los compañeros de bailes: sus ropas, su pelo, su cuerpo, sus ojos, etc.

 

En fin, el miedo es humano y estará ahí siempre, intenta controlarlo y sobre todo intenta hacer una valoración muy realista de las condiciones del mar y de tus capacidades para no tener que verte en ningún compromiso.

Se valiente, pero no temeraria.