Con la publicación de su libro "The currency of love" la fundadora de Roxy, Jill Dodd, desvela su pasado como "mujer de placer" del traficante de armas Kashogui
3 nov

ROXY: SANGRE, TRÁFICO DE ARMAS Y POLIGAMIA

El mundo del surfing es a grandes rasgos, cuanto menos, pérfido. Luego entradas en detalles puede ser muchas más y peores cosas. La industria y muchas veces las propias protagonistas, las surfistas influenciadas por esta moda absurda del glamour, intentan exhibir a toda costa lo cool y desenfadadas que son sus vidas. En muchos casos el empeño alcanza tintes de parodia, sobre todo cuando quien lo hace es una muchacha de pueblo que lleva cinco años intentando un 360, que pone morritos coloraos en el instagram y hace de mujer anuncio por cuatro camisetas, cuatro bikinis y dos trajes.

Muchas veces los culpables de esto también son los papis/mamis de turno, pero en fin… todo esto da para otro artículo que no es el de hoy.

En ocasiones las mismas marcas que rechazan apoyar a surfistas o cancelan sus contratos por sus orientaciones sexuales o por sus declaraciones políticamente incorrectas, esas mismas firmas, escarbas y te encuentras con que tras ellas hay un cuadro de horror típico de una película.

En el mundo anglosajón y, más concretamente en Australia y California, es sabido que dos de las grandes marcas del buen rollito surfero se financiaron con la venta de opio, hash y marihuana. Sus founders, como les gusta decir ahora a los responsables de marketing, por costumbre regresaban de sus surftrips por Indo, Marruecos y otros lugares del palo, con las maletas y las tablas llenas de droga. Por aquel entonces no había ni perros policía, ni scanner ni nadie se imaginaba que en lugar de foam, las tablas volvían rellenas de sorpresas. Así, viaje tras viaje, se amasaron fortunas que en lugar de ser gastadas en parranda como hizo El Dioni, se invirtieron en la fabricación de trajes de surf, ropa y accesorios que generarían, a su vez, más pasta.

Otras marcas, infinitamente más pequeñas y más locales, financiaron eventos y competiciones con dinero de la industria del porno. Sí, como lo oyes. Si alguna vez te preguntas de dónde sale la pasta para tanta publicidad, tanto show y tanta cosa vendiendo productos de treinta euros, si no te salen las cuentas, piensa mal y acertarás. Pero bueno, lo anterior quedará en nada cuando descubras ahora, si no lo sabías ya, que la fundadora y diseñadora de Roxy se ganaba la vida como prostituta de lujo del traficante de armas más famoso de la historia:  Adnan Kashogui.

 

Jill Dodd pasó de asistente de moda a modelo y luego a "mujer de placer" de Kashogui antes de ser una de las fundadoras y diseñadoras de Roxy.

Jill Dodd pasó de asistente de moda a modelo y luego a “mujer de placer” de Kashogui antes de ser una de las fundadoras y diseñadoras de Roxy.

 

Jill Dodd, en un arrebato de sinceridad, de valentía , terapia o en un subidón de ego  publicó su libro “The Currency of Love” donde reveló, sin tapujos, su oscuro pasado y, por ende, el de la marca Roxy.

Al igual que el logo de Roxy, el famoso corazón formado por dos olas,  Jill Dodd no sólo tuvo que partir su corazón en dos para “amar” –por contrato- a quien tenía sus derechos sexuales, si no que lo tuvo que hacer con ¡once! mujeres más por que el mentado Kashogui tenía, nada más y nada menos, que doce “matrimonios de placer”, o sea todo un harem.

No seremos aquí nosotras quienes critiquemos a nadie por vender su cuerpo. Nada más lejos. Cada una es libre de hacer lo que quiera y Jill lo fue. Lo que sí criticamos es lo que implica ser la “mujer de placer” del mayor traficante de armas de la historia.

Portada del libro de Jill Dodd

Portada del libro de Jill Dodd

Jill justifica este asunto por crecer en una familia disfuncional y su extrema ingenuidad: “es que no sabía a qué se dedicaba”, “nunca le pregunté” y otras argumentaciones tales como “tenía barriga, era gordito, pero me trataba con respeto”. Pero nosotras no podemos olvidar que el dinero que ganaba, el que financió la vida de lujo de Jill, sus estudios y los orígenes de Roxy, estaba manchado con la sangre de las miles de personas que murieron víctimas de las armas que vendía “marido”.

Con sangre también, y ella así lo afirma, el loco de su “macho” le escribió en su brazo “te amo”. ¿Qué clase de tarado hace eso el primer día que te lo encuentras? Pero la fundadora de Roxy, inocente ella, no se dio cuenta porque lo suyo fue un “amor a primera Visa”.

No te sientas culpable si te viene sola a la cabeza la secuencia Jill Dodd+ prostitución+ armas+ dinero+ Roxy. A nosotras también nos pasó. Pero lo que sí hay que admirar -creemos nosotras- es su valentía por sacar a la luz semejante relato, aunque haya sido publicado casualmente el mismo día de la muerte de Kashogui.

Este es un nuevo bombazo para la ya maltrecha Roxy que vuelve a ser el centro de críticas a nivel mundial. Cuando todavía no se había repuesto de la tunda recibida por su sexismo, su uso inapropiado de la imagen de la mujer y su pobre política de apoyos a surfistas a nivel local, llega su fundadora y desvela esto…

Pero bueno, ya sabes, unas cuantas fotos de paraísos lejanos, otras cuantas de sonrisas y una, sólo una, de una chica surfeando y aquí no pasó nada. ¡A por la siguiente!

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